Un cartel en otro idioma, uniformes poco tradicionales y otros tecnicismos pueden llevar a la confusión (y hasta a la entendible preocupación), pero como dijo alguna vez un filósofo: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Hasta ahora los fueguinos habíamos escuchado hasta el hartazgo que una de las medidas para fortalecer la soberanía en el territorio y reforzar nuestros vínculos con el continente blanco era construir un “polo logístico antártico” e incluso se habían dado unos precarios primeros pasos para ello.
El Gobierno de la Provincia, junto a la administración del expresidente Alberto Fernández habían anunciado la empresa hace unos dos años, provocando la furia de sectores conservadores por la posible intervención de capitales rusos y chinos en su desarrollo.
Pero Milei, fiel a su estilo, llegó a Tierra del Fuego y le bastaron apenas unas horas para borrar de un plumazo cualquier avance (si es que los había) y dejar contentos a los suyos, a la vez que enfurecidos a los extraños: junto al ministro Petri y a la jefa del Comando Sur de Estados Unidos anunció que impulsará la creación de una base naval conjunta entre la Argentina y el gigante del norte.
“Estamos aquí para ratificar nuestro esfuerzo en el desarrollo de nuestra Base Naval Integrada. Se trata de un gran centro logístico que construirá el puerto de desarrollo más cercano a la Antártida y convertirá a nuestros países en la puerta de entrada al continente blanco”, detalló, de manera escasa, el Presidente, pero permitió sacar algunas conclusiones.

Los dos proyectos son ambiciosos, costosos y casi faraónicos para el nivel de desarrollo que se permite hoy la Argentina, pero las principales diferencias residen en el fondo y no en la forma.
El gobernador Gustavo Melella promueve desde hace tiempo (comenzó a gestar la idea cuando era intendente de Río Grande) un Polo Logístico Antártico y para eso se impulsaron distintos proyectos, con variables, pero siempre con un punto en común: que la financiación llegue desde el sector privado.
Milei no dio detalles respecto a esto, pero el arribo de una representante oficial de Ejército de los Estados Unidos y la entonación de su himno (sí, todavía hace ruidito, no?) no son los mejores indicios para un proyecto que goce de independencia y autonomía.
“Milei quiere una sinergia con Estados Unidos que puede excluir al resto de los países; en cambio, un Polo Logístico es la conjunción del Estado con el privado: el Estado pone el lugar y el privado realiza las investigaciones”, detalló una fuente cercana a la administración de Melella al ser consultada por Origen, que se animó a vaticinar que la sola imagen que dejó el Presidente con Richarldson espantó la participación de otros países.
El financiamiento es otro problema. Las Fuerzas Armadas Argentinas atraviesan una profunda crisis y la escasa posibilidad de financiar el proyecto siembra otro temor: que el Estado brinde el lugar a través de una concesión y que los Estados Unidos se adueñen de una base naval que ellos mismos construyan en un territorio desmilitarizado que es en este caso la casa de los fueguinos.
Porque Polo Logístico o Base Naval, siempre es bueno recordar que cualquier iniciativa que se lleve adelante se realizará en la ciudad de Ushuaia, dentro de la isla de Tierra del Fuego.
Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa: una cosa es que se desarrolle la puerta de ingreso a la Antártida con la participación de privados que le impriman una impronta comercial y de desarrollo económico al Polo y otra cosa es que los Estados Unidos tengan ejercan el control sobre las actividades en la zona.
Mientras tanto los fueguinos miramos estas disputas como si de un Grand Slam se tratara: de un lado los “gobierno antidemocráticos que no respetan los valores occidentales” y del otro “el imperialismo colonizador”. Todos con ganas de invertir en nuestra tierra. Y nosotros pensando a lo Jauretche, que no se trata tanto de cambiar de collar, sino de dejar de ser perro.