Ya pasó. Ya lo vivimos. Ni siquiera hace falta un ejercicio de memoria ni quemar neuronas para rememorar el pasado. Fue hace apenas unos años y la gente no olvida.
En aquel entonces, el panorama era similar, aunque distinto: el Gobierno liderado por Alberto Fernández extendía los beneficios a las fábricas amparadas por el subrégimen de Promoción Industrial, pero dejaba al margen a las firmas textiles que (en algunos casos de manera merecida) quedaban sin paraguas impositivo.
Así comenzaría una lucha de la clase obrera que se extendería por meses, con piquetes, manifestaciones y marchas y que derivaría en la lamentable muerte de Roberto “Tati” Carbonelli, quien falleció en el Hospital Regional Río Grande tras una semana de internación, luego de sufrir un ACV mientras reclamaba por su puesto de trabajo.

No hubo solidaridad. No hubo acompañamiento. Apenas preocupación manifestaron unos pocos ante lo que sucedía con los textiles y, curiosamente, ni siquiera los representantes de las empresas se pusieron al frente del reclamo, dejando todo en manos de los trabajadores.
Hoy, el resultado está a la vista: quedaron solamente ocho empresas y las industrias se encuentran trabajando en un 30% de su capacidad productiva.
“Vinieron por ellos y guardé silencio”
La vieja cita del pastor luterano Martin Niemöller, lejos de perder validez y vigencia, cobra otro valor en tiempos de ombliguismo y sálvese quien pueda. Porque así como hace unos años vinieron por las textiles, hoy parece el turno de las electrónicas y la pregunta es al menos pertinente, tras las declaraciones del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger: ¿vienen por los fueguinos?
Sea como sea, hoy es otra vez el movimiento obrero el que se pone al frente del reclamo ante la baja de aranceles que, indudablemente, repercutirá en la vida de cada uno de los habitantes de la Provincia.
Es notoria la falta de acompañamiento de la población en general y, vale decirlo, también de la clase política. Pero hay otro sector que falta y que deriva en alarmantes suposiciones.
Otra vez, faltan las empresas
Poco y nada han dicho los CEOs de las principales firmas radicadas y amparadas por el Polo Industrial Fueguino y esas muestras de rebeldía iniciales, que incluyeron la promoción de una suerte de “lock-out” en las plantas, comienza a perder fuerza.
Por caso, cobran otro tipo de sentido las declaraciones de José Luis Alonso, de Mirgor, cuando hace unas semanas mencionaba que cada vez depende menos de Tierra del Fuego. Y es entendible: el Grupo de los Caputo se ha diversificado tanto que proyecta un hotel cinco estrellas en Ushuaia y tiene otras unidades de negocio, como agro y retail; pero también cuenta con una compañía de distribución (Global) que le permite exportar a Uruguay, Paraguay y Ecuador, entre otros países.
El caso de Newsan es similar. Las advertencias de Luis Galli sobre el impacto laboral de la apertura de importaciones parecen ser apenas eso: una advertencia en relación a una variable. Y, otra vez, es entendible: Newsan es un gigante que comercializa desde toallitas Always hasta afeitadoras Gillette, pasando por shampoos Pantene y Head & Shoulders.
Y Newsan no se achica, se agrande. En marzo pasado compraron un importante paquete accionario del grupo Edisor Energía, que controla la energía en Tucumán, Jujuy y el Litoral. Dato curioso: hace poco se asociaron con la familia Neuss, amiga del asesor presidencial Santiago Caputo y sobrino de Luis y Nicolás para expandir su cartera de negocios.
La sombra de la incertidumbre vuelve a cernirse sobre Tierra del Fuego y mientras los trabajadores esperan con ansias la definición de futuro del subrégimen y bancan con el cuero los derechos adquiridos que el propio Milei defendía, las empresas exhiben con orgullo cómo se han diversificado en silencio.