No hace falta ser un experto en economía para entender lo que pasó en la Argentina en los últimos años y, sobre todo, entre 2024 y 2026. Solo hay que mirar las etiquetas, por ejemplo, de algunos productos de La Anónima en Río Grande. Dos fotos, dos eneros y una realidad que te deja la billetera temblando: el mismo corte de vacío pasó de ser un gusto de fin de semana a una inversión de capital.
La línea de tiempo es implacable. En el supermercado de 25 de Mayo y Roldán, la historia se cuenta en dos etiquetas: El 2 de enero de 2024, un cartel rosa, escrito a mano con marcador, anunciaba el kilo de Vacío a $5.999,90. En ese entonces, con seis billetes de mil, el fuego ya estaba prendido.

El 25 de enero de 2026, dos años después, la etiqueta oficial marca el kilo a $23.840,40.
Hagamos la cuenta que duele. En estos 24 meses, el aumento fue del 297,3%.
Para pasarlo en limpio: el precio casi se cuadruplicó. Lo que antes comprabas con un billete de los más grandes de la época, hoy requiere una montaña de papel o un movimiento digital que hace doler el dedo al confirmar el pago. Una pieza de apenas 1,150 kg (como la de la foto actual) hoy cuesta $27.416.

El ritual del asado siempre fue sagrado, pero esta progresión muestra cómo el bolsillo del vecino tuvo que ir cediendo terreno. Aquel cartelito rosa de principios de 2024 hoy parece una pieza de museo, un recuerdo de una economía que, aunque ya era difícil, todavía no había llevado el kilo de carne por encima de la barrera de los 20 mil pesos.
Ya no se trata de elegir si el punto es jugoso o a punto; ahora la pregunta es si se paga en una o tres cuotas o si el asado se convierte, definitivamente, en un recuerdo de otra época.







